Parabenos: ¡ya no!

Parabenos: ¡ya no!

Todos hemos sufrido, y disfrutado de los parabenos.

La buena conservación de los cosméticos, alimentos, medicamentos, dentífricos, y mil cosas más, la debemos a las cualidades bactericidas y antifúngicas de estas odiadas moléculas.

Pero hasta el año 2002 no habíamos caido en la posibilidad de vivir sin ellos. La detección de una posible relación con una alteración hormonal, puso en marcha todas las sirenas de alarma, y desde entonces, todos hemos leido sobre lo dañinos que pueden resultar en nuestra salud.

Pero gracias a ellos, tanto la industria cosmética como la farmacéutica, han desarrollado nuevos sistemas para evitar que las bacterias y los hongos, invadan nuestros productos. Sistemas de envasado esteril, en que no hay reflujo de producto, con émbolos estéticamente perfectos, han entrado en nuestro día a día, como los que vemos en las cremas cosméticas, con dosificadores perfectos.

También se ha estudiado el uso de productos ya conocidos, y que infrautilizábamos como conservantes. Así, el Acido Ascórbico: la vitamina C de toda la vida.

Pero la legislación ha conseguido que ya no estemos tan expuestos a moléculas que podrían acumularse en nuestro organismo, y que a largo plazo, podrían darnos sorpresas desagradables.

Y la magnífica presión social: no hay en el mercado ningún cosmético que se precie, que prescinda de nuestro querido ¨libre de parabenos¨.

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